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Así es Môkah
por dentro.

Doscientos metros en una calle de Miraflores que no se parecen a la calle de Miraflores. El recinto entero, en el orden en que se atraviesa.

La puerta abierta al patio al caer la tarde, con macetas de barro a los lados y el pasillo encendido al fondo.
Consola de madera en el recibidor, con un cuenco de pétalos, una jarra con hojas y un disco de fibra colgado en la pared.
El pasillo del recinto, con la lámpara de rafia encendida al fondo y una escalera de madera con una manta.
La lámpara de rafia de la pared, un círculo de fibra con la luz encendida por detrás.
Sala de ritual con la pared de arcilla, la camilla vestida en tonos tierra y un espejo redondo retroiluminado.
La segunda sala, con el espejo redondo retroiluminado sobre la camilla y la ventana al patio.
El patio interior, con el lavadero de piedra, la buganvilla en flor y macetas de barro en el suelo.

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